Archivo de la categoría: Blog

El silencio

El mejor marco para una bella pintura es aquel que la realza y hace más asequible.
El mejor envase para servir un buen vino es una bella copa.
El mejor envoltorio para una buena obra de teatro es una bella sala.
Una bella obra arquitectónica crece cuando el espacio que la rodea acompaña.

La música necesita un marco de silencio positivo para poder desplegar su magia. El silencio es necesario para el  disfrute de la música, y de cualquier otro arte,  en las mejores condiciones. Pero apreciar el silencio no es gratis, viene con un grado fino de maduración personal. Y no se puede forzar para ser degustado, su apreciacion debe salir de dentro, del centro del alma, del centro del espíritu, del pleno centro del corazón y poder acceder a la comprensión del silencio nos pone en el camino  para ser conscientes de nuestra propia felicidad, esa que siempre estuvo en nuestro interior mientras la buscábamos afuera.

Una canción para cada recien nacido

Existe una tribu en África, donde la fecha de nacimiento de un niño no se toma como el día en que nació, ni como el momento en que fue concebido sino como el día en que ese niño fue “pensado” por su madre.
Cuando una mujer decide tener un hijo, se sienta sola bajo un árbol y se concentra hasta escuchar la canción del niño que quiere nacer.
Luego de escucharla, regresa con el hombre que será el padre de su hijo y se la enseña. Entonces, cuando hacen el amor con la intención de concebirlo, en algún momento cantan su canción, como una forma de invitarlo a venir.
Cuando la madre está embarazada, enseña la canción del niño a la gente del lugar, para que cuando nazca, las ancianas y quienes estén a su lado, le canten para darle la bienvenida.
A medida que el niño va creciendo, cuando el niño se lastima o cae o cuando hace algo bueno, como forma de honrarlo, la gente de la tribu canta su canción.
Hay otra ocasión en la que la gente de la tribu le canta al niño.
Si en algún momento de su vida, esa persona comete un crimen o un acto socialmente aberrante, se lo llama al centro de la villa y la gente de la comunidad lo rodea. Entonces, le cantan su canción.
La tribu reconoce que la forma de corregir un comportamiento antisocial no es el castigo, sino el amor y la recuperación de la identidad. Cuando uno reconoce su propia canción, no desea ni necesita hacer nada que dañe a otros.
Y así continua durante toda su vida.

Cuando contraen matrimonio, se cantan las canciones juntas.
Y finalmente, cuando esta persona va a morir, todos en la villa cantan su canción, por última vez, para él.

. . . . .

Puedes no haber nacido en una tribu africana que te cante tu canción en cada una de las transiciones de tu vida, pero la vida siempre te recuerda cuando estás vibrando a tu propia frecuencia, y cuando no lo estás.
Sólo sigue cantando y encontrarás tu camino a casa.
Existe una tribu en África, donde la fecha de nacimiento de un niño no se toma como el día en que nació, ni como el momento en que fue concebido sino como el día en que ese niño fue “pensado” por su madre.
Cuando una mujer decide tener un hijo, se sienta sola bajo un árbol y se concentra hasta escuchar la canción del niño que quiere nacer.
Luego de escucharla, regresa con el hombre que será el padre de su hijo y se la enseña. Entonces, cuando hacen el amor con la intención de concebirlo, en algún momento cantan su canción, como una forma de invitarlo a venir.
Cuando la madre está embarazada, enseña la canción del niño a la gente del lugar, para que cuando nazca, las ancianas y quienes estén a su lado, le canten para darle la bienvenida.
A medida que el niño va creciendo, cuando el niño se lastima o cae o cuando hace algo bueno, como forma de honrarlo, la gente de la tribu canta su canción.
Hay otra ocasión en la que la gente de la tribu le canta al niño.
Si en algún momento de su vida, esa persona comete un crimen o un acto socialmente aberrante, se lo llama al centro de la villa y la gente de la comunidad lo rodea. Entonces, le cantan su canción.
La tribu reconoce que la forma de corregir un comportamiento antisocial no es el castigo, sino el amor y la recuperación de la identidad. Cuando uno reconoce su propia canción, no desea ni necesita hacer nada que dañe a otros.
Y así continua durante toda su vida.

Los beneficios de la enseñanza de la música

Si para los músicos es una obviedad, hay gente que todavía pone la música en último lugar de las materias «útiles». En el Pais del 15 junio, la música eleva el tono: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/06/15/valencia/1371322173_940714.html

Vayamos más lejos: es la cultura en general la que mantiene un pais alerta y vivo en período de crisis, cuando se necesitan todos sus sentidos. Como decíamos hace poco en ALMA: «Hay crisis, pero nos quedará el alma». Así lo expresa Jaume-Grau:

ZWEIG, LORCA, CASALS Y WERT

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Stefan Zweig dejó su cómoda residencia en Suiza,- donde se había exiliado a causa de sus ideas antibelicistas-, y se instaló en Salzburg, para compartir los sinsabores de la derrota y la posguerra con sus compatriotas, según nos cuenta en El mundo de ayer, memorias de un europeo. Austria y Alemania habían salido derrotadas de la guerra y la actividad económica se precipitó por debajo del umbral de la pobreza, con una inflación galopante. La población se enfrentaba al reto de sobrevivir a diario, sin tregua ni margen para planificar el futuro, con lo justo para pasar unos días, o tan solo unas horas. A pesar de esa extrema pobreza y de la precariedad, Zweig observó sorprendido y admirado como una gran parte de sus compatriotas invertían parte de sus escasos bienes en actividades culturales: música, teatro, lectura, cine. Zweig explica este fenómeno por la necesidad de los austriacos de huir de la infinita miseria de sus vidas, para elevar su espíritu, aunque fuera solo por unas horas, por encima de la mera subsistencia, para vencer la opresión y vivir como hombres libres.

En la misma línea de lo que defendía Zweig, Federico García Lorca afirmaba en un discurso del año 31 dirigido al pueblo de Fuente Vaqueros que si llegara a pasar hambre no pediría un pan, pediría medio pan y un libro. Fiel a sus principios, y dentro del programa de la República “Misiones Pedagógicas”, García Lorca y la Barracallevaron las obras del teatro clásico español a aquellas zonas de España en las que era difícil el acceso a la cultura. La respuesta del público era magnífica.

En las misma época en que la Barraca recorría la península ofreciendo teatro, en Barcelona Pau Casals fundaba l’Associació Obrera de Concerts, para que el proletariado pudiera disfrutar de la música. El éxito de público y de participación sorprendió a Casals que contemplaba emocionado las lágrimas de los obreros mientras escuchaban por primera vez a Beethoven.

El consumo de cultura como receta para elevarse por encima de la crisis económica que nos subyuga me parece en extremo eficiente, lo era en el periodo de entreguerras y lo es ahora, aunque el gobierno del PP parece no pensar de la misma manera. Para los populares la cultura es una amenaza, un caldo de cultivo de disidencias, una actividad productiva el beneficio de la cual parece fútil y etéreo. Por eso el ministro Wert gravó con un 21% las actividades culturales, por eso el gobierno del PP ha disminuido de manera drástica las aportaciones públicas a la cultura. La política cultural del ministro Wert no está solo pensada para castigar a unos creadores díscolos con el poder y poco afines a su ideología política, los populares aspiran a algo más. El PP quiere transmitir a la sociedad en su conjunto la idea de que la cultura es prescindible, que se trata de un lujo, de algo innecesario, que la cultura es patrimonio de las elites.

Zweig, Lorca o Casals, son fruto de un tiempo que se esfumó, de un periodo en el que los creadores y artistas se sentían comprometidos con su entorno. Lorca dijo en su discurso del medio pan que sin cultura que les fortaleciese el espíritu los hombres se convertían en máquinas al servicio del estado, en esclavos de una terrible organización social. El temor de Lorca se ha materializado 80 años más tarde, con la política cultural del gobierno popular, con la inestimable colaboración de una programación televisiva estúpida, soez y alienante y con la ayuda de algunos artistas, creadores e intelectuales más preocupados en tender la mano en la ventanilla de la sociedad de autores que en hacer llegar la cultura al pueblo.